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La técnica de cortar vidrio es casi tan antigua como el vidrio, ya en la Edad Media los artesanos eran unos expertos cortando vidrio para sus vidrieras con medios mucho más precarios. Hoy en día, cortar vidrio es una operación más fácil de lo que parece, para ello, existe una herramienta que tiene en uno de sus extremos una punta de carburo de silicio en forma de rueda que se desplaza fácilmente sobre la superficie de vidrio. Primero, debemos marcar la línea de corte, con una plantilla de papel de estraza, con un rotulador de tinta permanente o, simplemente, colocando el dibujo a cortar debajo del vidrio.
La ruleta al desplazarse hace un ruido característico, mientras no se oiga este sonido, el corte no se ha producido. Esta herramienta marca el corte y, luego, con las manos o con la ayuda de unos alicates especiales para este uso, se hace palanca, obteniendo un corte limpio por una línea marcada.
Antes de hacer palanca con los alicates, es recomendable, una vez pasada la rueda, dar unos golpes secos para profundizar el corte.
Esta operación no admite retoques ya que por donde ha pasado la ruleta, el vidrio ha sido cortado y si pasamos de nuevo por el mismo sitio, el perfil del vidrio se astilla, estropeando el corte. Dependiendo del tipo de trabajo que se vaya a realizar, el corte del vidrio debe ser más o menos preciso.
Para los trabajos Tiffany donde el alma se cobre es muy fina será necesario un corte muy exacto, para vidrieras emplomadas el corte no requiere tanta precisión, ya que el alma del plomo es lo suficientemente ancha para ocultar los fallos. El alma del cobre o el plomo es la guía o el hueco donde entra el vidrio.
En un mosaico, no necesitamos precisión en el corte ya que el cemento de relleno, que luego se ve en las grietas, queda mucho mejor con un aspecto más rústico, si el corte no ha sido regular.
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A pesar de no ser una labor complicada, es recomendable en un principio evitar cortar piezas muy estrechas o con ángulos muy cerrados.
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